Pasteleria

El Monasterio de Aguilar fue fundado para los franciscanos por D. Juan Manrique Conde de Castañeda y Señor de Aguilar.

El origen de las Clarisas se efectuó en un eremitorio fundado por Doña Catalina Enríquez en Santa María de Camesa a 3 km. de Aguilar, el año de 1.473.

En el Breve fundacional Dª Catalina expone el deseo de edificar en Camesa un eremitorio para monjas de la Orden de Santa Clara con la herencia que su hija Juana dejara para dicha fundación y que constaba de 40.000 maravedíes.

La Bula de Fundación está otorgada por el Papa de sayal franciscano Sixto IV, quien autoriza para llevar a cabo su erección al Arzobispo de Burgos D. Luís de Acuña.

¿Quienes fueron las primeras en la fundación de Camesa? He aquí sus nombres y probables procedencias:

Doña Catalina de Guzmán, Abadesa, procedente del convento de Santa Clara de Zamora; Elvira de Espinosa; Juana de Medina; María González de Fresneda, Elvira de Medina; María de Santa Cruz; María de Espinosa; Elvira de Briviesca, dotadas todas ellas para acometer la empresa que realizan.

El Papa Sixto IV manda erigir en el eremitorio mencionado un nuevo monasterio de regular observancia de Santa Clara (“Inter cétera” Roma, 30. VI. 1.473)

El movimiento de reforma del siglo XV tomaba cuerpo en aquel incipiente convento de Clarisas en Camesa de Aguilar.

En el eremitorio de Santa María de Camesa aumenta la comunidad; el aislamiento, la humedad y las malas condiciones salubres en que viven las monjas les duelen a los franciscanos Conventuales del Monasterio de Aguilar.

Un día D. Garcí Fdez. Manrique, primer marqués de Aguilar y Canciller Mayor de Castilla descendiente de los fundadores, propone la posibilidad del traslado de las monjas desde Camesa al convento franciscano de Aguilar. Se ponen de común acuerdo religiosas y religiosos y éstos les ceden su monasterio llegado el momento, trasladándose ellos al de San Bernardino de Herrera de Pisuerga.

Se hace la petición al Sumo pontífice Sixto IV, que encomienda la verificación de motivos y la ejecución de traslado, al Abad de los Premostratenses de Santa María la Real, que entonces era D. Juan, duque de Colmenares, Así consta en la Bula otorgada en el año del Señor a 7 de junio de 1483.

El Abad de Santa María, en presencia de los franciscanos claustrales dio posesión tranquila y pacífica del monasterio de S. Francisco a la comunicad de Clarisas, convirtiéndose desde entonces en monasterio de Santa Clara de Aguilar de Campoo.

A principios del siglo XVI gobierna la comunidad Doña Ana Manrique, hija del primer marqués de Aguilar D. Garcí y de Doña Brazayda.

Estas entradas favorecen con pingües dotes al convento, extendiéndose sus posesiones desde Cantabria hasta Segovia y Guadalajara. En 1.837-44 el Gobierno incauta los bienes de la comunidad: Siete casas señoriales que rentaban al año 680 reales; 67 tierras, 10 prados y una era en el término de la villa de Aguilar, mas las tierras en 80 pueblos que llevaban en renta muy baja, los colonos. En ningún caso las monjas administraban sus bienes, y consta en el libro de cuentas de 1727 que las monjas repartían entre los pobres 37 arrobas de pan al año.

Los recursos de la comunidad provenían de dos fuentes fundamentales: la renta de las propiedades y el cobro de los censos perpetuos. Al ser incautados por la desamortización de Mendizábal y más tarde por la desamortización pactada (solamente dejaron el edificio, la huerta y jardines contiguos) las clarisas quedaron amparadas con una peseta por monja, que nunca llegaba con puntualidad. La Dama pobreza se enseñorea del monasterio y de la comunidad.

En dos épocas sufren exclaustración nuestras hermanas, la primera durante la guerra de la independencia, la segunda durante la revolución de 1868. En fecha de 21 de mayo de 1808 los franceses toman posesión del convento e instalan en él su cuartel general.

Las monjas han de refugiarse en un pueblo cercano y en la hospedería del Monasterio que los Premostratenses tienen en las afueras de Aguilar.

Cuando las tropas napoleónicas salen de Aguilar, el convento, queda en ruinas y quemado. Entonces desaparece casi todo el archivo. Las monjas retornan en 1.814.

Quedaron solas de 1851 a 1858 la Abadesa y dos hermanas, a las que nadie logró hacerlas desistir de permanecer en su convento. Siete años perseveraron fieles pensando que algún día florecería el convento con nuevas vocaciones. Las oraciones a San José fueron escuchadas y en 1858 ingresaron tres jóvenes y otras cinco en años sucesivos, hasta que la revolución de 1868 desencadenó una nueva presión anticlerical en España. Se activó la incautación de los pocos bienes que tenía la Iglesia y se decretó la supresión de los conventos.

Una orden de traslado alcanzó a las once religiosas y el 10 de octubre de 1870 fueron trasladadas al convento de Astudillo en el que permanecieron hasta el 17 de febrero de 1872. Durante su corta exclaustración el Gobierno puso en subasta el convento al precio de 27.000 pesetas.

No hubo compradores pues “no es fácil darle otro uso diferente más que para el que fue construido” aseguró el Alcalde de Aguilar. No así la huerta y fincas lindantes. Estas fueron compradas por señores de Aguilar.

Las monjas al abandonar el convento perdieron los títulos de propiedades y cuando a su regreso pretendieron la devolución de la huerta tuvieron que entablar expediente de información testifical, acogiéndose a las gracias que el rey Alfonso XII concedió con motivo de su primer matrimonio, cuyo expediente fue favorablemente resuelto en beneficio de la comunidad.

El día 30 de mayo de 1911 la comunidad se encontraba rezando vísperas, cuando un rayo penetró por la cadena de la campana de la iglesia y bajó directo al altar de los santos Mártires. Cayó el crucifijo vuelto hacia el coro de las monjas, suceso que les impresionó. El rayo salió por una ventana cortando las rejas como señal de su paso. No se produjeron más daños. Las monjas atribuyeron el milagro a San Inocencio y Santa Columba y en agradecimiento ofrecieron una misa cantada y “Tedeum” en e] aniversario de dicha fecha, hasta el año 1.936.

Durante la guerra civil tres bombas cayeron en el convento, una de ellas hizo blanco en e claustro central dejando al descubierto la arcada de piedra original y derribando 22 puertas. Las monjas terminaban de pasar en dirección al coro y hallándose a 2 metros del siniestro, ninguna de ellas sufrió daño físico. En recuerdo a este favor la comunidad sigue cantando el “Tedeum” el 17 de octubre hasta el día de hoy.

Con la ayuda prestada por la comunidad de Astorga en 1.924 la comunidad emprende una etapa de resurgimiento espiritual y material. De allí vinieron tres monjas favorecidas con especiales dotes de inteligencia y virtud, Madre Mª Rosa, Madre Manuela de Aza, y Madre Celia Hernández.

Se amplían coros, dependencias, claustro etc. obras que se llevan adelante sin medios económicos, pero con la fe puesta en la Providencia. Las vocaciones afluyen hasta el número de 62 por los años 50.

En el año 1951, el Sr. Obispo de la Diocesis pide a la comunidad ayuda para reforzar otros monasterios que a su vez refundan en Africa. En la actualidad somos 39 hermanas.

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